There are flames that consume.

Hay llamas que consumen.

Fuego

2022 · 100 × 80 × 1.5 cm

Hay llamas que consumen.

Y hay llamas que iluminan.

"Fuego" nunca fue concebido como una representación del fuego. Lo que me interesó fue algo más sutil: el momento en que la luz emerge de la materia, cuando el calor se convierte en atmósfera y cuando una superficie comienza a irradiar una presencia interior.

Suspendida dentro de un campo luminoso, una forma dorada aparece casi como un recuerdo más que como un objeto. Flota entre la aparición y la desaparición, entre la energía y el silencio. Debajo, capas de tierra, óxido y texturas minerales crean una base que se siente antigua, arraigada y profundamente física.

La pintura existe en ese delicado espacio donde los opuestos se encuentran.

Peso y ligereza.

Quietud y movimiento.

Tierra y cielo.

La mitad inferior lleva la densidad del tiempo acumulado. La mitad superior se abre al aire, la luz y la posibilidad. Entre ellos, emerge un brillo sutil, transformando la composición en algo que se siente menos como un paisaje y más como un estado del ser.

Quizás por eso el título se convirtió en Fuego.

No por la destrucción.

Sino porque el fuego siempre ha simbolizado la transformación.

Todo lo que toca cambia.

La materia se convierte en luz.

Lo visible se vuelve invisible.

Lo ordinario se convierte en algo más.

Mirando hacia atrás a esta obra hoy, la veo como una meditación sobre la fuerza silenciosa. No la fuerza que se anuncia ruidosamente, sino la que sigue ardiendo bajo la superficie, invisible pero presente.

El tipo de fuego que sostiene en lugar de consumir.

El tipo que permanece mucho después de que las llamas han desaparecido.


Fuego
2022
100 × 80 × 1.5 cm
Técnica mixta sobre lienzo

Una reflexión sobre la transformación, la luz y la energía silenciosa oculta en la materia.

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