Why I Paint Texture: The Philosophy Behind the Memory of Materials

Por qué pinto la textura: La filosofía detrás de la memoria de los materiales

Vivimos en un mundo de imágenes planas.

Cada día, miles de fotografías pasan ante nuestros ojos y desaparecen casi con la misma rapidez con la que aparecen. Se consumen en segundos, reducidas a píxeles sobre una pantalla.

Quizá por eso nunca he querido crear pinturas que existan únicamente como imágenes.

Quiero que existan como objetos.

Objetos que ocupan un espacio.
Objetos que dialogan con la luz.
Objetos que invitan a detenerse.

Porque una pintura nunca debería terminar donde empieza el lienzo.

Pinto la memoria de los materiales

A menudo me preguntan por qué mis pinturas parecen envejecidas.

La respuesta es sencilla.

No me interesa hacer que algo parezca antiguo.

Me interesa hacer que algo se sienta vivido.

Un muro agrietado, una fachada erosionada o una superficie industrial desgastada cuentan una historia sin necesidad de palabras. Las capas se acumulan. El tiempo deja huellas. La imperfección se convierte en identidad.

No intento borrar esas marcas.

Las celebro.

Por eso suelo definir mi trabajo con una frase muy sencilla:

Pinto la memoria de los materiales.

Para mí, los materiales nunca son pasivos.

Recuerdan.

Y cada pintura comienza escuchando lo que esos materiales tienen que decir.

La textura no es un efecto

La textura no es algo que añado al final de una pintura.

No es un elemento decorativo.

No es un truco visual.

Es el lenguaje de la propia obra.

Cada capa de yeso, polvo de mármol, serrín, collage, pigmentos minerales y superficies erosionadas forma parte de la narrativa.

Algunas capas desaparecen.

Otras permanecen visibles.

Como los recuerdos, conviven entre sí.

Nada se oculta.

Todo deja una huella.

Pintar más allá de la pantalla

Hoy en día, casi toda obra de arte se descubre por primera vez a través de un teléfono móvil.

Paradójicamente, mis pinturas están creadas para resistirse a esa experiencia.

Una fotografía puede mostrar la composición.

Puede mostrar el color.

Incluso puede sugerir una atmósfera.

Pero no puede revelar el peso.

No puede revelar el relieve.

No puede mostrar la forma en que la luz recorre una superficie texturada a lo largo del día.

Esas cualidades solo existen frente a la obra original.

Y esa diferencia importa.

La historia nace antes que la imagen

Nunca comienzo una pintura preguntándome:

«¿Cómo debería verse esta obra?»

Prefiero hacerme otra pregunta:

«¿Qué historia debe contar?»

Los materiales responden a esa pregunta mucho antes que los colores.

Cada grieta habla de resiliencia.

Cada superficie erosionada habla del paso del tiempo.

Cada fragmento de collage conserva la memoria de otra vida.

La textura permite que esas historias se conviertan en algo físico.

Sin ella, seguirían siendo únicamente ideas.

Arte que pertenece a un espacio

No creo que una obra de arte deba limitarse a decorar un interior.

Las mejores obras terminan formando parte de la identidad de un lugar.

Construyen atmósferas.

Crean silencio.

Despiertan curiosidad.

Invitan a detenerse.

En ese sentido, creo que el arte contemporáneo y el diseño de interiores comparten un mismo propósito.

Ninguno de los dos consiste simplemente en llenar un espacio.

Ambos buscan crear significado.

Cuando hablan el mismo lenguaje, una obra deja de ser un objeto colgado en una pared.

Pasa a pertenecer verdaderamente a ese lugar.

Por qué me niego a pintar superficies planas

Una pintura completamente lisa puede ser hermosa.

Pero no habla mi lenguaje.

Me fascinan las superficies que revelan su historia en lugar de ocultarla.

Los materiales que envejecen con dignidad.

Las imperfecciones que adquieren más significado con el paso del tiempo.

Porque la vida no es plana.

La arquitectura no es plana.

La memoria tampoco lo es.

Por eso mis pinturas tampoco deberían serlo.

Cada capa que añado es una invitación a mirar durante un instante más.

A acercarse.

A descubrir algo que no era visible a primera vista.

En un mundo que nos anima a consumir imágenes lo más rápido posible, yo elijo crear obras que invitan justamente a lo contrario.

A detenerse.

A observar.

A descubrir.

Porque las cosas más importantes de la vida rara vez se encuentran en la superficie.

 

Sergio Aranda

La textura es el lugar donde el tiempo se hace visible.

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